Artículos de bienestar

«Mala Memoria» brillante articulo que les invitamos a leer y a tomar conciencia de la pandemia en la vida real.

Articulo extraído de 2palabras.co

La noche del 28 de marzo del año pasado, Paola lo despidió con un sencillo chao cuando lo vio salir por la puerta del apartamento. Pensó que era lo mejor pues -al fin y al cabo- iba a internarse en la clínica donde trabajaba. Lo atenderían sus amigos, lo cuidarían sus colegas, tendría el mejor trato, ¿dónde puede estar más seguro un médico enfermo que en su propio lugar de trabajo?

  • Yo siento que lo perdí desde el momento en que cruzó esa puerta porque después no pudimos volver a comunicarnos pues -al otro día- lo intubaron. No hubo despedida. No hubo un te amo.

Dos semanas después, el doctor Carlos Fabián Nieto falleció en la Unidad de Cuidados Intensivos del mismo hospital donde -días atrás- revisaba pacientes. Tenía, apenas, 33 años y se convertía en el primer médico que moría en nuestro país enfrentando la pandemia, que comenzaba a matar colombianos sin distingo de estrato o preferencia política o lugar de nacimiento o profesión.

En este mundo quedaron sus dos hijos, pequeñitos, y Paola, su amor eterno, la que conoció cuando hacía el rural en el hospital de San José, en Guaviare, donde ella era la bacterióloga practicante. Desde ese momento, nada ni nadie pudo separarlos. Hasta que llegó el covid.

Ya pocos se acuerdan que su tragedia fue noticia nacional y que las imágenes de sus compañeros de trabajo despiendo la carroza fúnebre que se llevaba el féretro recorrieron el país entero. Y eso que fue hace sólo un año.

Paola, en cambio, habla con él a diario, le cuenta sus cuitas, lo regaña por haberla dejado sola y le reclama que le haya incumplido la promesa de no abandonarla jamás.

  • Él me decía que yo era cantaletuda. Pues eso es lo que hago ahora, le doy cantaleta. Yo sé que él me escucha.

Lo sigue amando.

Ayer desfilaron por Bogotá cerca de 30 ambulancias y otro tanto de carros particulares detrás de un coche fúnebre, desde la Shaio hasta Fontibón -que queda muy lejos de la clínica- y luego a los cementerios del norte, justo al otro extremo de la ciudad.

Iban detrás del féretro de Álvaro Ignacio Romero, el médico más querido de Fontibón, nacido, criado, enamorado, trabajado y despedido de este paraíso terrenal en esa localidad del occidente de la ciudad, la del aeropuerto.

Liliana lo conoció porque sus padres eran amigos y no se separaron desde la navidad del 90, cuando terminaron cenando ajiaco juntos, unidos a punta de buenos comentarios porque en la casa de él decían que ella era una maravilla, y en la de ella, que él era un partidazo. No se equivocaron.

Parece que lo querían mucho por esa zona de Bogotá. Allá abrió su consultorio de recién graduado y luego uno más grande y luego otro, hasta que terminó montando una gran clínica. Liliana, la matemática, dejó sus clases en la universidad, se fue a gerenciar el medicentro y terminó abriendo -al lado- una escuela de salud para formar auxiliares en enfermería, farmacéutica y administración.

La última apuesta que ganó el doctor Romero fue la unidad de cuidados intensivos que montó en tiempo récord, inaugurada en enero pasado con 17 camas, su aporte para la lucha contra ese monstruo de mil cabezas llamado coronavirus, que nos tiene acorralados. Estaba feliz.

Pero el monstruo lo hirió en la última semana de febrero, a él que nunca se enfermaba, y en pocos días terminó internado en un hospital, atendido por el mismo intensivista que trabajaba en la recién abierta UCI de su clínica. Estaba confiado.

Se murió este miércoles a la 1 y 16 de la tarde. Tenía 54 años y nadie pudo hacer nada, ninguna UCI, ninguna tecnología avanzada, ningún especialista conocido, ningún médico amigo. Nada. Las últimas instrucciones que alcanzó a dar fueron las necesarias para que todo el personal de su clínica fuera vacunado, incluida Liliana, el amor de su vida. Él no alcanzó.

  • Es un dolor que no se puede explicar, era amoroso, detallista y todos los días me demostraba su amor. Teníamos un hogar muy sólido. El 30 de abril cumpliríamos 29 años de casados.

Su muerte no fue noticia, excepto en Fontibón, donde el voz a voz reunió a un par de centenares de personas frente al medicentro, que lo vitoreó cuando el coche fúnebre lo llevó para que lo despidieran.

Fueron unos minutos donde lo recordaron como al médico del barrio, unos como el visionario y otros como el sanador. Alguien confesó que le tenía una vela prendida y otro, que un altar. Casi todos se refirieron a sus manos y a su infalible ojo clínico. Pero la muerte no da espera. Así que la caravana arrancó de vuelta al camposanto.

Desde el doctor Nieto hasta el doctor Romero han fallecido 244 profesionales de la salud por covid, 74 de ellos médicos. El de Fontibón quedará como el número 75 de esa lúgubre estadística que lleva la cuenta diaria.

Así que ya no hay novedad en que un médico se muera. Ya no amerita titular. Qué va a ser noticia. Tampoco los auxiliares de enfermería (39), los técnicos de radiología (21), los administrativos (15), las enfermeras (14) y hasta los estudiantes (8) reportados allí también. Fallecidos, dice el reporte del Instituto Nacional de Salud.

El amor de mi vida”, dice Liliana. Mi papito lindo, para sus dos hijos.

El tercer pico está a la vuelta de la esquina. Semana Santa disparará los contagios. Volverán los encierros, las UCI a reventar, las alertas rojas y las miedosas cifras de muertos.

Sólo nos queda el personal de salud, el de los héroes en esta batalla que decenas de familias pierden a diario en el país. Héroes sin medalla (y en muchas partes sin sueldo) que se juegan la vida con cada contagiado atendido. Héroes de una sociedad que los olvida sin vergüenza alguna. Héroes de un país sin memoria.

Bueno, para no pecar de exagerado, de mala memoria.


N. del E. Nos declaramos felices y orgullosos de tener en esta página a Alvaro Perea, director del programa Frente al espejo, ganador del premio India Catalina a Mejor producción periodística y/o de opinión para televisión. La Administración de este portal le debe un café. ¡Grande Alvarito!

N. del E. Los columnistas de 2palabras.co volverán a publicar después de Semana Santa.En esta columna:

Puede que también te guste

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *